Los expertos coinciden en afirmar que el telón de fondo común al contexto regional de Latinoamérica es la persistencia y extensión de la pobreza, la desigual distribución de la riqueza y la gravedad de los problemas sociales existentes. De modo que la inversión extranjera, y en particular la que realizan las empresas españolas, continuará siendo un factor clave para sostener el crecimiento económico en los próximos años, así como para la generación de más empleo y de mayor calidad, elementos imprescindibles para su desarrollo. El crecimiento de las inversiones requiere, además, un contexto de seguridad jurídica, y debería beneficiarse de la deseable ampliación de los mercados locales que debería llegar fruto de los crecientes esfuerzos por la reducción de la pobreza y las desigualdades.
Las empresas españolas instaladas en América Latina han mejorado la calidad de la prestación de servicios básicos a la población latinoamericana. Los expertos coinciden en que, por tratarse en la mayoría de los casos de ofrecer servicios básicos para la ciudadanía (bancarios, energéticos, de comunicación....) existe una especial vigilancia social sobre el quehacer de esas empresas, y resulta particularmente importante que su imagen corporativa responda a un verdadero compromiso con esa ciudadanía y con sus intereses colectivos. Superar desconfianzas y recuperar el prestigio social es un objetivo prioritario para las empresas, lo cual ofrece argumentos adicionales para un mayor compromiso y una más profunda responsabilidad directa con la sociedad latinoamericana.
América Latina es también una prioridad de la acción exterior de las empresas españolas porque comparten lengua y cultura. También las une fenómenos migratorios recíprocos y masivos. Ayer, de españoles que llegaban a América Latina. Hoy, de latinoamericanos que aterrizan en España. “Las compañías que eligen extenderse hacia América Latina es porque han visto un blanco en este mercado emergente. Las empresas españolas, tal vez por hablar el mismo idioma y contar con la misma cultura, se acerquen más hacia este mercado que hacia Europa del Este, otro mercado muy suculento”, explica Peter Mills, gerente regional para Latinoamérica y Caribe de la consultora Watson Wyatt. Sin embargo, para Juan Carlos Martínez-Lázaro, profesor del Instituto de Empresa, compartir la misma lengua no se traduce en que el mercado latinoamericano sea una extensión del mercado español. “Las compañías deberían evitar los errores de las compañías de los años noventa. Ahora ya no somos los españoles los que vamos a imponer nuestro método de trabajo. Debemos aprender a trabajar desde allí, no llevar los mismos requisitos con los que trabaja”, explica. Para Josep Sayeras, profesor de ESADE, “el idioma es un handicap”.
Para Carlos Martínez-Lázaro, las diferencias culturales, el nivel social y el de renta son muy distintos. El principal motivo para que una multinacional se extienda hacia Latinoamérica son las posibilidades de crecimiento. “La población, con casi 500 millones de habitantes, es un número muy apetecible”, comenta. En los años setenta, eran las empresas industriales, como fábricas de manufacturas o de automóviles, las que llegaban hasta América. “En los años 80 y 90, comenzó la expansión del sector servicios. Hoy, siguen siendo los servicios y la explotación de materias primas los sectores más explotados”, comenta Martínez-Lázaro.
Los expertos coinciden en asegurar que el compromiso de las grandes españolas con América Latina es cada vez más intenso. Así, afirman que las empresas españolas han conseguido sus posiciones económicas en los diversos mercados y países latinoamericanos sobre bases legales y transparentes con fuertes inversiones, asumiendo los riesgos que corresponde. Su presencia en sectores básicos para la población ha permitido modernizar y distribuir a toda la ciudadanía elementos fundamentales para la vida y para la economía de los países latinoamericanos.
Para Sayeras, América Latina está en desarrollo, y recomienda a las compañías que quieran extenderse hacia este mercado “que tengan en cuenta los mismos riesgos y beneficios que tienen en cuenta cuando se extienden hacia otro mercado, sea cual sea su dimensión”. Y es que las empresas españolas en América Latina llegaron para quedarse. Mantienen su compromiso en esos países y con sus poblaciones y, en este sentido, consideran del máximo interés su cooperación en la consolidación democrática, la modernización administrativa y política y la creación de riqueza y de capital humano para combatir la pobreza y la exclusión social.
Miedo al contagio de nacionalización
En el ámbito político, la sucesión de elecciones y los cambios de gobierno consecuentes están provocando una alta inestabilidad. El caso boliviano ha puesto de manifiesto que, desde la Tierra de Fuego hasta el Caribe, el corrimiento político latinoamericano merece un análisis, ya que los intereses económicos de las compañías se están desarrollando sobre un suelo jurídico-político inestable. ¿Las compañías extranjeras tienen miedo de un posible ‘efecto dominó’ y seguir los pasos del gobierno boliviano de nacionalizar los hidrocarburos? Sayeras no cree que se inicie una nacionalización masiva para seguir a Evo Morales. A corto plazo, sí observa cierta incertidumbre en las compañías a la hora de entrar en el mercado latinoamericano. Ahora, “las inversiones se han reducido aunque, a medio plazo, volverán a remitir”, dice Sayeras.
Todos los expertos aseguran que Latinoamérica, que antaño fue un pozo de pérdidas, hoy es la inversión más rentable. Las empresas españolas en la zona tienen invertido más de 84.250 millones de euros, según la Central de Balances del Banco de España. Así, las empresas españolas en América Latina prestan servicios básicos a los ciudadanos de América Latina: servicios bancarios y financieros, energía, agua, telefonía y telecomunicaciones, infraestructuras básicas, industrias agrarias, transportes.... Según el Latinobarómetro de 2004, más de un 35% de la población latinoamericana no cree beneficiosas para su país las inversiones españolas. ¿Es justa esta percepción? Los expertos aseguran que no, si se tiene en cuenta que las empresas españolas han comprado sus negocios a altos precios, han hecho un volumen de inversiones enorme, han aguantado pérdidas multimillonarias cuando les ha venido mal dadas, y han modernizado y democratizado servicios básicos para la ciudadanía del siglo XXI, desconocida para millones de latinoamericanos.
Pero, ¿cuál es el país más atractivo para invertir? Los expertos coinciden en que las compañías deben definir claramente su estrategia de negocios y sus objetivos, porque “cada país es un mundo. Cuando una multinacional aterriza en un país, tiene que trabajar a nivel local. Nuestra compañía se centra en estudiar el mercado y ayudar a las empresas a poner en marcha su estrategia y saber lidiar con el mercado dado”, explica Mills, quien además añade que un país será más atractivo que otro “dependiendo del tamaño, la disponibilidad de recursos de educación, el crecimiento de la economía del país...”. Martínez-Lázaro coincide en que el objetivo de la compañía es el decisivo para invertir en un país u otro. “Yo creo que Chile es el país ideal. Cuenta con un marco regulatorio correcto, aunque la población es muy escasa –15 millones de personas-. Brasil y México, con más de cien millones de habitantes cada uno, serían también dos países muy atractivos”. Para Sayeras, “Chile es un país que se está potenciando mucho. México es un mercado suculento por su proximidad a Estados Unidos. Argentina y Brasil también son dos diamantes latinoamericanos”.
Invertir en capital humano
El esfuerzo en capital humano y social para mejorar la competitividad y para combatir la pobreza es fundamental. La inversión social que se logra con la educación, formación complementaria e investigación es condición necesaria para competir en el mercado global. Y para extender la educación, la cultura y la formación profesional, el capital humano de América Latina tiene la capacidad de adaptarse, de absorber la cultura empresarial y de aprender con plenas posibilidades de competir con cualquier país del mundo.
Watson Wyatt, la consultora de Peter Mills, ha elaborado un estudio en 25 países de todo el mundo, analizando 23 factores diferentes, para intentar determinar cuál es el país latinoamericano más atractivo. Pero no hay ningún baremo que pueda medir los beneficios de un país en detrimento de otro. Todo depende de la ponderación. “Brasil y México son muy iguales a India. Venezuela o Colombia, por ejemplo, ofrecen menos oportunidades”, comenta Mills. Martínez-Lázaro no lo tiene tan claro. “Si una compañía busca explotar materias primas, Colombia es su país, aunque la violencia sigue amenazando al país”.
¿Es preferible comprar un negocio familiar o una empresa privatizada del Gobierno? Para Peter Mills, es “extremadamente importante invertir mucho esfuerzo en la integración. Compramos un reto. Ha sido muy difícil para algunas empresas integrarlas en nuestro negocio global. Requiere un fuerte trabajo de integración. Si una empresa descuida este elemento, está evocada al fracaso”, cerciora.
Actualmente, los directivos han tomado conciencia de que lo más importante que tiene una organización son sus trabajadores. Así, “las compañías están empezando a pensar en cómo obtener lo mejor del capital intelectual y humano. Algunas incluso incorporan la estrategia de capital humano en la estrategia general del negocio”, anuncia Mills. Así, asegura que las principales necesidades de los clientes en Sudamérica se mueven sobre dos focos: “la alineación de las compensaciones y la transformación de la organización para crear el mayor valor posible”. Esto involucra tres cuestiones: cómo crear valor para los empleados, para la organización y para los clientes. “Además del sistema de compensaciones, son fundamentales las medidas continuas para trabajar estos aspectos. La mayoría de las compañías no son muy buenas en comunicar a sus empleados su estrategia general y el rol de los empleados en ella”, explica. “Las compañías multinacionales o de los países desarrollados no tienen la clave de cuál es la mejor manera de gestionar los recursos humanos de la compañía”, destaca Mills.
La competencia del sudeste asiático
Los profesores coinciden al afirmar que la fuerte demanda de materias primas y combustibles asociada al rápido crecimiento de China representa una excelente oportunidad para América Latina de atraer inversiones de este país y de aprovechar la complementariedad de las economías para aumentar sus exportaciones. Sin embargo, China representa un fuerte competidor tanto en la captación de inversiones extranjeras como en la exportación de manufacturas de bajo valor agregado.
Para Sayeras, la diferencia entre América Latina y el mercado asiático reside en el mercado interno. “Las empresas producen en China porque sus costes son menores. Quizá a medio plazo podrán vender esos productos en ese mercado. Pero esta posibilidad de mercado interno no existe en América Latina. La desigualdad de la población obliga a que las compañías no puedan vender en ese mercado interno para recuperar la inversión”.
Es preciso recuperar el prestigio y afecto social de la ciudadanía latinoamericana. Superar la desconfianza, el hastío social y convertirse en empresas propias y queridas, comprometidas y responsables con la sociedad latinoamericana. De la misma manera que las empresas noruegas han acreditado una imagen internacional de defensa y respeto a los derechos humanos en todo el mundo. De la misma manera que las empresas suecas han acreditado una imagen de empresas ecológicas en todo el mundo, las empresas españolas en Latinoamérica deben construir una imagen de responsabilidad social con los pueblos de Latinoamérica.
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