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Fuente: Universia   
Jueves, 01 de Octubre de 2009 16:48

A primera vista la salud de los bancos estadounidenses parece haber mejorado. Muchos han devuelto el dinero que el Gobierno les inyectó. Otros se encuentran cómodamente situados en la zona de beneficios.

A primera vista la salud de los bancos estadounidenses parece haber mejorado. Muchos han devuelto el dinero que el Gobierno les inyectó. Otros se encuentran cómodamente situados en la zona de beneficios.

Así, el Gobierno se está planteando la retirada de algunos programas que mantuvieron a flote a las firmas de servicios financieros durante lo peor de la crisis.

Sin embargo, aún no está muy claro que el sector bancario que está surgiendo tras esta crisis financiera vaya a adoptar los radicales cambios que los más fieros críticos –e incluso defensores-, proponen.

Algunos expertos creen que el sector bancario está suficientemente escarmentado con los acontecimientos del pasado año y evitará, al menos por el momento, prácticas de alto riesgo como las inversiones con apalancamiento que a punto estuvieron de acabar con su vida. A otros les preocupa que los cambios observados en los bancos sean superficiales y su aparente salud se deba principalmente a las ayudas del Gobierno, no a mejoras en las prácticas bancarias, algo que incrementaría la probabilidad de sufrir una segunda crisis.

“Tras haber sobrevivido a la crisis, durante algún tiempo los bancos evitarán el riesgo”, sostiene el profesor de Finanzas de Wharton Richard Marston. “En parte gracias a haber visto de cerca la muerte. Pero también porque la economía está en recesión; así, la prudencia está a la orden del día”. Esta ha sido “una crisis que no va a olvidarse de un día para otro”, añade el profesor de Finanzas de Wharton Jeremy J. Siegel aduciendo que los bancos y otras instituciones financieras serán muy prudentes durante algún tiempo. “Creo que es algo que tienen marcado a fuego todas las instituciones financieras”.

Pero el profesor de Finanzas de Wharton Franklin Allen no se muestra tan optimista. “Las cosas en realidad apenas han cambiado. Todos los potenciales problemas aún siguen ahí”, explica. “De hecho, en cierto sentido la situación es incluso peor, ya que tras el caso Lehman sabemos que el Gobierno no permitirá que los bancos se derrumben… Hagan lo que hagan, el Gobierno   va a intervenir y ayudarles a salir del atolladero”.

Aunque la crisis financiera comenzó a principios del 2007 con la estrepitosa caída de valores basados en hipotecas subprime, fue la decisión de no rescatar a Lehman Brothers, el banco de inversión, tomada en septiembre de 2008 por el Gobierno, lo que empujó al sector al borde del abismo. El pánico se apoderó de todas las instituciones, que dudaban de la salud financiera del resto, salud que por otro lado se encontraba gravemente deteriorada debido a valores basados en deuda que cada vez valían menos. Se empezó a dudar de la capacidad de devolución de los préstamos y por tanto también se enfrió la concesión de los mismos.

Después de haber recibido enormes inyecciones de dinero gubernamental, los bancos están claramente en mejor forma. El 11 de septiembre, el secretario del Tesoro Timothy F. Geithner decía ante el Congreso que los bancos estaban teniendo un enorme éxito en la captación de fondos procedentes de inversores privados, declaraciones que capacitan al Gobierno para empezar a retirar algunos de sus programas de garantías y préstamos de emergencia. La Administración Obama ya no menciona la necesidad de emplear otros 750.000 millones de dólares en fondos de rescate. Los 700.000 millones de dólares iniciales parecen ser suficientes. De ellos, aproximadamente 239.000 millones de dólares se han destinado a los bancos e instituciones financieras; ya se han devuelto unos 70.000 millones. Geithner esperaba la devolución de otros 50.000 millones en los próximos 12 a 18 meses. Los programas de apoyo a los fondos monetarios y bonos con garantías vendidos a instituciones financieras finalizarán este otoño.

“Todo el mundo parece estar de acuerdo en que nuestra economía ahora está creciendo, el sistema financiero está mostrando señales de que su salud ha mejorado y el coste del crédito ha descendido drásticamente”, decía Geithner. “Está claro que ya no estamos al borde del precipicio”. Marston también ve señales que invitan al optimismo. “Con una economía que en breve, si no lo está haciendo ya, saldrá de la recesión, las perspectivas de los bancos en los próximos años son bastantes buenas”, sostiene. “Pero a muy corto plazo tendrán mucho préstamo impagado, en especial en el sector inmobiliario, incluyendo los inmuebles comerciales”.

Dos de los mayores bancos de Wall Street, JP Morgan Chase y Goldman Sachs, anunciaban para el trimestre fiscal que finalizaba el 30 de junio unos ingresos que batían récords. Pero otros dos gigantes, Citigroup y Bank of America, siguen teniendo dificultades a pesar de las mejoras experimentadas. Un análisis del New York Times muestra que la capitalización de mercado combinada de las instituciones financieras es mucho menor que hace dos años, pero que el tamaño de JP Morgan y Wells Fargo ha aumentado en comparación con octubre de 2007 gracias a las adquisiciones. Las grandes empresas son ahora mucho más dominantes que por entonces. Cuatro empresas –JP Morgan Chase, Wells Fargo, Bank of America y Citigroup-, suponen más de la mitad de la capitalización del mercado de las 29 mayores empresas. Hace apenas dos años apenas superaban el tercio.

Demasiado grande para caer

A muchos expertos les preocupa que éstas y otras grandes empresas sigan siendo tan grandes que, en caso de que se produjese otra crisis, el Gobierno tuviese que intervenir rápidamente para evitar su caída, algo que desencadenaría de nuevo un tsunami de terror y riesgo a través de los mercados financieros.

A algunos también les preocupa que los bancos que ahora están obteniendo beneficios se estén simplemente beneficiando de estas condiciones excepcionales en lugar de encontrar un modo mejor y más seguro de hacer negocios. JP Morgan y Goldman han prosperado en funciones tradicionales de la banca de inversión, como la compraventa de valores, y han apoyado la emisión de nuevas acciones y bonos. JP Morgan se ha beneficiado enormemente de la ayuda gubernamental adquiriendo dos empresas en dificultades: Bear Stearns y Washington Mutual. Algunos informes sostienen que su posición dominante le permite cobrar más por sus servicios a clientes corporativos.

En opinión de Richard J. Herring, profesor de Finanzas de Wharton, la política de la Reserva Federal de mantener en niveles cercanos a cero los intereses a corto plazo ha sido de gran ayuda para los bancos, ya que les ha permitido pagar prácticamente nada a cambio por un dinero prestado que después pueden dejar a intereses mucho más elevados. Los intereses que se abonan por depósitos abiertos en cuentas de ahorro normales y corrientes son del 0,2%, pero por ejemplo los bancos pueden cobrar intereses del 5 o 6% en las hipotecas.

“Mantener prácticamente nulos los intereses a corto plazo es un subsidio directo”, del Gobierno a los bancos, señala Herring. Es más, el negocio bancario no va a crecer tanto como sugiere el incremento de los beneficios. “Para la mayoría de los bancos gran parte de dicho incremento en rentabilidad se ha debido a un reducción de costes, no a un aumento de los ingresos”. Los bancos que compran y venden valores con sus propios fondos han obtenido beneficios en los excepcionalmente volátiles mercados bursátiles –añade Herring-, y algunos bancos de inversión están ganando dinero ayudando a otros bancos que aún están en dificultades. Bajos tipos de interés, recorte de costes, volatilidad de los mercados e instituciones que ayudan en tiempos difíciles “no son sostenibles” a largo plazo.

A otros expertos les preocupa que los bancos, aunque escarmentados por las malas decisiones tomadas en el pasado, las compras con apalancamiento y otras prácticas arriesgadas, al final no hayan aprendido la lección. En Goldman el riesgo ha descendido al reducirse el apalancamiento. Apenas hay 14 dólares en inversiones y préstamos por cada dólar de capital; según el New York Times, hace un año dicho ratio eran 24 dólares a uno. Pero, ¿cuánto tiempo durará este enfoque más conservador si se puede ganar mucho dinero asumiendo grandes riesgos?

En Wall Street las remuneraciones están volviendo a alcanzar cifras que para cualquiera del exterior parecen astronómicas. Los 30.000 empleados de Goldman Sach cobran cada uno por término medio 700.000 dólares. Con semejantes cifras es fácil deducir que muchos ganan suficiente dinero en unos años como para tener el resto de sus vidas resueltas. Los detractores creen que así se fomenta la adopción de riesgos a largo plazo que incrementen las primas; al mismo tiempo se perjudica cualquier punto de vista a largo plazo que sea más seguro para la economía.

Aunque se ha prestado mucha atención a la mejora en los resultados de los grandes bancos, aún existen muchos problemas entre los de menor tamaño, explica Herring. “Estoy esperando a que caiga otro chaparrón”. Los grandes bancos que realizan actividades como la compraventa de sus propios fondos o apoyan nuevos valores normalmente deben registrar los activos en sus libros a precios de mercado corrientes; pero los bancos pequeños gozan de una mayor libertad contable.

“Si eres un banco muy sencillo que no está envuelto en muchas operaciones de compraventa o actividad en los mercados financieros, entonces todo aparecerá registrado en tus libros; el valor disminuirá cuando tú o tu regulador considere que ya no valen tanto como lo que aparece registrado, y eso supone un largo proceso”. Por este motivo es difícil saber si los bancos pequeños poseen pequeñas bombas de relojería a punto de estallar en forma de activos, como valores garantizados con deuda que podrían no valer lo que el banco cree, explica Herring.

Poner un precio justo a dichos activos es tarea complicada porque los valores dependen de los futuros flujos de caja esperados. Si la economía no se recupera rápidamente, muchos propietarios de viviendas dejarán de pagar sus hipotecas, algo que tendrá un efecto negativo sobre el valor de los valores con garantía hipotecaria que trasladan los pagos de los prestamistas a los inversores. Los valores basados en la deuda de las tarjetas de crédito, créditos comerciales y otros tipos de deuda también se verían perjudicados en caso de una débil recuperación económica, dañando a las instituciones financieras que los poseen.

“La solvencia de un banco depende de sus flujos de caja”, dice el profesor de Finanzas de Wharton Marshall E. Blume añadiendo que los precios de algunos “activos tóxicos” podrían haberse recuperado algo a lo largo del último año, pero si se mantienen en los libros de los bancos pueden causar serios daños. “El problema aún no ha finalizado”.

Problemas a la vista

Herring señala el 30 de junio, Federal Deposit Insurance Corp (FDIC) tenía 416 bancos en su “lista de problemas”; el 31 de marzo la lista incluía a 305 bancos. “Dicha lista va a crecer, no a menguar”, explica Herring. Aunque FDIC posee un método probado para cerrar bancos que hayan fracasado, tan sólo es capaz de clausurar cuatro o cinco a la semana. “Así pues, hay muchos problemas a la vista”.

Herring se muestra escéptico sobre si la recuperación económica será lo suficientemente fuerte como para evitar este problema. “No creo que los consumidores vuelvan a consumir del modo en que lo hacían antes, al menos durante algún tiempo”, dice. Millones de consumidores han perdido sus empleos o les preocupa perderlo, la mayoría han visto como sus ahorros e inversiones se reducían y la caída en el precio de la vivienda deja a los propietarios con menos capital que destinar al gasto. “La otra cosa de la que preocuparse es la propiedad inmobiliaria comercial”, sostiene Herring. “Está en caída libre e invertir dicha tendencia va a depender en gran medida de la recuperación económica”. Esta es una gran preocupación de los bancos pequeños, que han concedido muchos préstamos inmobiliarios comerciales.

Obama ha propuesto reformas legislativas que concederían al Gobierno poder para intervenir y cerrar grandes empresas en dificultades de un modo disciplinado. Asimismo, Obama quiere una regulación más estricta de los productos derivados exóticos, como por ejemplo los swaps de créditos impagados que ahogaron a compañía de seguros American International Group. Asimismo quiere crear una Agencia de Protección Financiera al Consumidor para regular préstamos y otras transacciones que afectan al consumidor medio.

Pero sus propuestas no han tenido mucho éxito en el Congreso, que considera que la crisis financiera ya ha pasado y que está más preocupado con la reforma del sistema sanitario. “En cierto sentido, el mejor momento para conseguir que el Congreso aprobase las reformas probablemente fuese después del colapso de Lehman en septiembre de 2008”, decía Herring. “Pero en aquellos momentos nadie sabía qué hacer… Y cuando lo sabemos desaparece toda presión para poner en marcha las reformas”.

Siegel cree que no es necesario hacer reformas a toda prisa, señalando que los elementos clave de la propuesta de la Administración Obama limitaría el empleo del apalancamiento por parte de las instituciones financieras, algo que están haciendo por temor propio, para no repetir errores del pasado. “No necesitamos poner en marcha las reformas mañana mismo”, dice Siegel, que apoya que los requisitos de capital sean más elevados y partidario de un sistema para cerrar todo tipo de instituciones financieras que hayan fracasado similar al procedimiento de FDIC para cerrar bancos con depósitos. “No vamos a empezar a arrojarles botes salvavidas el próximo año y el siguiente y el siguiente”.

Marston señala que en la actualidad ya existe cierta oposición a las propuestas de cambios legislativos. “Ahora que lo peor ya ha pasado, el lobby bancario trabajará duro contra cualquier reforma de fondo que se plantee”, sostiene. “Así que tendremos una crisis bancaria de nuevo, dentro de unos cuantos años. Y la próxima vez los bancos van a estar seguros de que van a ser salvados. Los bancos y muchas otras firmas financieras son demasiado grandes para caer, pero también lo suficientemente grandes para evitar cualquier reforma significativa”.

“Hasta la próxima crisis no creo que vaya a suceder mucho”, decía Allen acerca de la reforma legislativa. “Tal vez sea dentro de cinco años… tal vez diez, o tal vez sólo dos. Ya veremos”.