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¿A quién echamos la culpa cuando los estudiantes fracasan? Si muchos estudiantes suspenden: ¡se pone en evidencia a los profesores o puede que sea un problema de nivel de exigencia!
Esta es una cuestión que va más allá de historias personales –que suelen terminar mal para los profesores exigentes- y señala las serias deficiencias que tiene la universidad y la sociedad en su conjunto. Al final, identificamos al profesor que suspende, como alguien problemático. ¿Es siempre así? Creemos que todos los estudiantes deben terminar su grado. Las autoridades universitarias tienen la obligación de mostrar que la inversión realizada en los estudiantes en primer curso rendirá sus frutos cuando se gradúe. Obviamente, no todas las historias terminan bien. Los alumnos fracasan y la inversión se pierde y, entonces, tenemos un conflicto potencial. Mi opinión es que no debemos bajar el nivel, pero tampoco podemos establecerlo en un nivel alto arbitrariamente. Debemos compararnos con nuestros competidores y escuchar lo que demanda nuestro entorno empresarial y social.
Desde luego el camino equivocado es exigir cuotas de aprobados a los profesores. Un procedimiento que nadie admitiría ponerlo en práctica, pero que por desgracia puede que sea más común de lo que pensamos. La presión en el profesor por ser popular y obtener valoraciones positivas de los alumnos nos puede llevar a que estemos orientando nuestra calidad por estudiantes que fracasan.
Si dejamos que los mediocres nos mediaticen –valga la redundancia- estamos abocados a que nuestras titulaciones pierdan prestigio y que la reputación de la institución se resienta. El profesorado, los estudiantes y las autoridades académicas deben articular un frente común que sitúe la excelencia como el principal valor que guía la educación. Los mensajes de apoyo al profesor que exige y que hace trabajar al estudiante tienen que sostenerse si queremos aspirar a captar a los mejores talentos.
La responsabilidad del éxito o fracaso de los alumnos no puede recaer sólo en el profesor. Depende en primer lugar de los estudiantes y en muchos casos, el éxito comienza por trabajar en equipo. Lo que no podemos pedir a los profesores es que tengan en cuenta que los alumnos complementan su estudio con trabajo o que tienen que adaptarse a la vida fuera de su entorno. Debemos interiorizar que la Escuela debe resolver esos condicionantes sin cargárselos al profesor en el aula.
Adolfo Meléndez Alonso CIFF
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